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lunes 13 de febrero de 2012

Senderismo invernal

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Este domingo aprovechando la gran nevada que cayó hace poco en Burgos fui a recorrer una ruta de senderismo por la provincia. La excursión comenzaba en el monasterio milenario de San Pedro de Arlanza, seguía hasta la cueva del Peluquillo y terminaba en la dehesa y el robledal de Hortigüela. Estaba organizada por la universidad de Burgos con cargo a la tarjeta deportiva, que sale bastante económico: la mayor inversión fue la que hubo que hacer en fuerza de voluntad para madrugar un domingo con este frío.

Tras recogernos el autobús a un grupo de unas 35 personas, la mayoría PAS y PDI de la UBU, y un par de niños, nos dirigimos al monasterio donde comenzaría la visita. La iglesia románica que yace allí en ruinas se empezó a construir en el año 1080 en honor a un eremita, según cuenta la leyenda, por el conde Fernán González, liberador de Castilla.

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Lo grueso de sus pilares denota lo formidable de su hechura, aunque con el paso de los siglos sufrió dejadez, deterioro y saqueos incluso de sus piedras, lo que la dejó en su estado actual. A eso de las 10 de la mañana, el guía nos acompañó por el conjunto monumental explicándonos los detalles de su historia y mostrándonos las antiguas dependencias monacales. El enclave emana misticismo y una aire olvidado de tiempos pretéritos flotaba en el ambiente como la leve cellisca que acompañó nuestra visita.

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Al parecer, el interior de la sala capitular o "de los tesoros" albergaba tiempo atrás grandes riquezas en códices y obras de arte, algunas de las cuales se exponen actualmente en varios museos de Nueva York [1, 2], Cambridge y Burgos. Los claustros son muy hermosos y el menor alberga un enorme árbol pinsapo que brota al pie de un pozo, llegando a sobresalir por la techumbre con su siglo y medio de edad.

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Completamos la visita tras el necesariamente breve paseo, ascensión incluida por la escalera de caracol, al torreón desde donde se divisa la lejana ermita de San Pedro el Viejo que, encaramada en su farallón, nos vigila en lontananza.

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Saliendo de aquí comenzamos a caminar hacia el norte, rumbo a las "mamblas": colinas así apodadas, según dijo el guía, por su semejanza con los senos de una mujer. Supuestamente fueron bautizadas así por los solitarios monjes que aquí moraban. Otros evocadores topónimos así lo denotan, como el manantial de "fuente las mozas", así que, si alguna vez alguien de Hortigüela os propone enseñar las mamblas, desconfiad, no sea que al final os la dé con queso.

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Pasamos una majada junto a varios térreos terraplenes donde anidan las abejas, famosas en la región por su rica miel, para internarnos luego en el bosque. El desnivel no era excesivo pero la nieve dificultaba bastante el avance, si bien gracias a la pericia de los guías y sus GPSs no nos desviamos de la ruta y pudimos observar gran cantidad de pistas de jabalíes y otros misteriosos animales del bosque. Atravesamos un paraje invernal bastante inhóspito donde apenas sí florecían los líquenes y un negro musgo que abrigaba las raíces de los árboles.

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Tras varias paraditas, giramos hacia el este para ascender el cerro del Peluquillo, donde localizamos la extraordinaria cueva del mismo nombre. Esta oquedad se encuentra a más de mil metros de altitud y seguramente daría cobijo holgadamente a varias familias numerosas de homo sapiens o neandertales en el pasado remoto.

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Se apreciaban en ella restos de hogueras y unos chupetes de hielo que habían crecido durante el invierno. Allí tomamos un frugal piscolabis y tras detenernos a disfrutar de la vista en derredor, continuamos la escalada.

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Coronamos el cerro de 1278 m. poco después, con los pies hundidos en la nieve y azotados por un viento helador. Desde allí contemplamos un panorama inigualable en un día claro como el hielo, que permitía columbrar hermosos montes nevados en la distancia así como el ciclópeo espolón dominando el paisaje.

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Luego seguimos caminando, casi hundidos en un palmo de nieve, en dirección noroeste por los escalonados estratos oblicuos, desenterrados por algún pretérito movimiento tectónico, a fin de coronar una segunda cima y acceder al camino de descenso rodeando el precipicio. Llegados allí atravesamos bosquecillos intermitentes en donde se apreciaban más huellas de animales y algunos restos de sangre y cacería entre los traicioneros arbustos espinos.

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En el último trecho de nuestra caminata, cruzamos un hermoso robledal cuajado de gigantescos pedruscos. Allí, grandes y hermosos árboles de aspecto anciano, cubiertos de musgo, exhibían bajo el abrigo de éste sus cortezas estriadas al sol prístino del atardecer. La vegetación emanaba un perceptible aire de misterio ignoto, sugiriendo que, en el mismo momento en que uno se rezagara o adelantara del grupo, un legendario fauno o tal vez las traicioneras hadas le harían desaparecer súbitamente y por siempre jamás por el interior de los troncos huecos en su reino subterráneo.

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Terminamos bajando por la dehesa de Hortigüela, hollada previamente por una jauría, donde tiempo atrás estuve un otoño recogiendo las jugosas setas del lugar. Allí finalizamos la visita con una consumición en la fonda del pueblo, situada ante una fuente que estaba cubierta de una espesa capa de hielo. Ese día se midieron más de 18 kilómetros andados en total sobre la ubicua nieve blanca.

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Tras ello nos recogió el autobús que nos condujo a casa, ansiosos tras el buen ejercicio de una ducha caliente, cambiarnos los calcetines y tomar una sopita caliente.
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domingo 5 de febrero de 2012

Cuentos de mi abuelo: ¿Vender más o vender mejor?

Se puede ganar más vendiendo más barato (increíble, pero cierto). Os voy a revelar cómo con un pequeño cuentecito. Después os presentaré algunas recetas de mi abuelo para la crisis de la demanda y el empleo. El truco básico es reducir el margen de beneficio para incrementar los pedidos, aunque hay bastantes sutilezas.

[image]Imaginemos el hipotético, bucólico y esdrújulo pueblecito de Villarobledo de Arriba donde son todos gente de bien. Bueno, unos más y otros menos, como en todas partes. Allí existe un mercado potencial de 40 convecinos que tras sesudas deliberaciones han decidido cada uno por su cuenta comprarse un pantalón nuevo este mes en una de las dos tiendas del pueblo. Años antes eran 60 los que compraban pantalones nuevos cada mes, pero como estamos en crisis, la tercera parte ha decidido que remendarán los pantalones viejos para ahorrar. Este año hace mucho frío y con las tareas del campo se gastan rápido, así que los 40 comprarán seguro si encuentran precios razonables, pero aún no han decidido dónde. En el pueblo hay dos tiendas de pantalones, la de la plaza y la de la fuente, con la misma estructura de costes. Desde hace tiempo, los dos establecimientos adquieren los pantalones al mismo proveedor: una vendedora china que viene de vez en cuando y produce muy barato, a 30 € la prenda. A igualdad de condiciones, suponemos que la mitad de clientes comprarán en una tienda, y los otros 20 lo harán en la otra.

La tienda de la fuente vendía los pantalones a 40 € para sacarse un margen de beneficio bruto de 10 €. De este beneficio bruto debería descontar la mitad para unos gastos corrientes hipotéticos de 5€ (alquiler, luz, esas cosas), con lo que le quedarían otros 5€ como beneficio neto. Si la mitad de los clientes que le corresponde compraran aquí su pantalón, el beneficio neto total sería de 5€ * 20 = 100 €. Pero como sabe que su clientela está sufriendo mucho por la crisis, ha decidido ayudarles un poquito y bajar algo el precio, lo más que pueda permitirse, para echarles una mano, con lo que los deja en 39,50 € esperando ganar 90 €, que no es lo que ganaba antes, pero tampoco está tan mal. Al fin y al cabo él está calentito en su tienda mientras sus queridos vecinos andan labrando el campo ¡y con este frío!


Sin embargo, la tienda de la plaza ha decidido, también muy razonadamente, que va a vender a partir de ahora los pantalones a 42,50 €, porque estamos en crisis y hay que subir los precios ya que no da para vivir como antes. Tras consultar a la vieja del visillo y hacer sus estudios de mercado, el dueño razona: "Como antes de la crisis vendíamos 30 pantalones al mes y sacábamos 150€ limpios, pero ahora la gente no tiene dinero, no creo que vengan más de 20 personas, así que para mantener mis ingresos voy a subir algo el precio. Poco, para que casi no lo noten, pero algo". Así espera obtener como beneficio neto lo que ganaba años atrás, es decir: 7,50 € * 20 = 150 €.

El propietario de la tienda de la fuente se enteró del ardid de la tienda de la plaza. Después de todo era un pueblo pequeño y todo se sabía. Pero prefirió mantener la pequeña rebaja de precios por lealtad con sus clientes. Al fin y a la postre, tampoco era tan grande la rebaja que les hacía, solo medio euro por pantalón. En realidad, el tendero de la plaza siempre le había caído un poco mal porque un día le vio reirse de la mercader china cuando estaba de espaldas y pensaba que no le oía.


Sin embargo, la tienda de la plaza no contó con que los clientes se darían cuenta de su fechoría y que los vecinos, después de reunirse el domingo para comer unas migas pasiegas, llegados al café, se contaran unos a otros los cambios ocurridos en los precios y discutieron un poco cuando no les oían los tenderos, que se fueron pronto para poner en orden sus negocios. Como consecuencia, un puñado de los clientes de la tienda de la plaza decidieron andar un poquito más para comprar en la tienda de la fuente, que no solo era más barata, sino que incluso había rebajado los precios en plena crisis. Los pantalones eran de igual calidad, conque al final, de los 40, 15 compraron en la tienda de la plaza que había subido el precio, y 25 compraron en la de la fuente, que lo bajó.

Terminado el mes y haciendo cuentas de lo que había en la caja, el beneficio neto final de cada uno fue como sigue:


Tienda de la fuente (más barata): 25 * 4,50€ = 112,50€
Tienda de la plaza (más cara): 15 * 5€ = 75€


Los dos tenderos estaban sorprendidos. El tendero de la plaza de Villarobledo de Arriba esperaba vender mucho menos debido a la escasa demanda causada por la crisis, y a no haber subido los precios como su competencia. Había ganado más de lo que esperaba, quedándose muy cerca de lo que obtenía antes de la crisis, a pesar de que solo habían venido dos clientes por cada tres que venían antes. Por contra, el tendero de la fuente estaba muy enfadado, porque apenas sí había subido los precios un poquito ("¡Es que ni la décima parte!" musitaba, iracundo) y sin embargo su beneficio había caído a la mitad que lo que sacaba anteriormente. No entendía nada de lo que podía haber pasado. Además, los clientes que habían comprado los pantalones más baratos se enfadaron con el tendero de la plaza al darse cuenta de que todas las prendas eran exactamente del mismo modelo y la misma calidad. Ese fin de semana no le invitaron a merendar al campo como era tradición.

Al final, cuando decidió tragarse su orgullo e ir a preguntar al tendero de la fuente cómo le había ido, se encontró el cartel de "cerrado por vacaciones". Con lo que había ganado por la venta, su competidor se había ido de excursión con la proveedora china a las ferias de Villarobledo de Abajo. El tendero de la plaza estaba verde de envidia... pensó que el verano que viene no le quedaría otro remedio que subir los precios a 50 € para mantener su beneficio.

Tres años después, la tienda de la plaza tuvo que cerrar por suspensión de pagos ya que nadie le compraba. Por su parte, el tendero de la plaza adquirió el local de su competidor poco después, para ampliar su boyante negocio, a un precio muy por debajo de su valor, con lo que se hizo con todo el mercado de pantalones del pueblo. No obstante, nunca aprovechó esta situación de monopolio para subir de nuevo los precios, y como ahora todos los vecinos podían comprar pantalones más baratos, le invitaban a muchas meriendas. Como ahora había visto algo de mundo, sabía que si se hubiera enseñoreado tras echar a su competidor, en Villarobledo de Abajo también había vendedores de pantalones deseosos de ampliar clientela y no era tan caro ir de un sitio a otro. Después de todo, lo único que el tendero siempre había querido es ganar algo y ayudar a sus vecinos.

~ FIN ~

Terminado el cuento, vamos a estudiar más a fondo las leyes de la oferta y la demanda. No se vayan todavía, ¡que aún hay más!

En 1934 se celebró un coloquio científico donde el matemático rumano Abraham Wald presentó una comunicación donde se cuestionaba sobre ciertas teorías económicas que modelizaban la demanda. Allí y entonces, Kurt Gödel (de quien ya hablamos aquí), quien seguramente fue el lógico más destacado del siglo XX, hizo a continuación un interesante y pertinente comentario:

"En realidad, la demanda de cada empresario depende también de sus ingresos, y éstos a su vez son un subconjunto del precio de los factores de producción. Se puede formular un sistema de ecuaciones adecuado e investigar si tiene soluciones".

Aunque Gödel no dio pistas sobre cuál sería el correspondiente sistema "adecuado" de ecuaciones, se han hecho desarrollado complejísimos estudios sobre el pricing, proceso por el cual se decide qué precio poner a un artículo o servicio. En ellos se analizan series temporales sobre históricos estadísticos en los que se descuentan los efectos derivados del calendario con sofisticadas técnicas matemáticas.

Para modelos más "de andar por casa", el truco al poner un precio es proceder por eliminación: Tras haber anotado muy concienzudamente los ingresos y gastos pasados, se van contando los factores que se añaden al coste de lo que se va a vender (materias primas, alquiler de maquinaria, gastos corrientes, impuestos, mano de obra,...) y lo que resta, hasta el precio final, es el beneficio por unidad. Como hemos visto en el cuento, a veces compensa reducir el beneficio por unidad, a fin de obtener un mayor beneficio neto al final del ejercicio. Claro, que también hay que evitar caer en el dumping (saldar temeraria o predatoriamente).

Yo mismo he trabajado en algún modelo de este tipo para mercados oligopolistas (aquéllos que tienen pocos competidores), lo podéis consultar pinchando en el hiperenlace. Asímismo os he definido en el pasado lo que es la tecnología y en qué medida aporta a la economía, hablado de los modelos de "larga ristra", comentado algo sobre economía política y protocolo, debatido también sobre los vendedores que se equivocan al vender y sobre la automatización de la fuerza de ventas, y finalmente del mal de querer obtener a toda costa beneficios a corto plazo.

Además de todo esto, os traje no hace mucho un artículo de mi difunto abuelo sobre lo adecuado del "crecimiento cero", un soplo de aire fresco en estos tiempos en que parece que nuestros gobernantes están completamente obsesionados con el crecer a toda costa. Ernesto Ruiz y González de Linares, que así se llamó, completó en 1952 un voluminoso Curso de Economía Política que tuvo su séptima edición en 1971. Allí publicó una gráfica donde se visualizaba ya muy claramente el concepto que subyace al cuento que os acabo de contar. En el dibujo y el texto que lo acompaña se presentaban el concepto de "elasticidad", o más exactamente, elasticidad de precios en la demanda (PED), relacionada con el "precio sombra" en circunstancias (improbables) de competencia perfecta. Casualmente, es de las pocas gráficas que se incluyen en las 600 páginas del tomo. Y no es porque sea mi abuelo (o sí), pero está muy bien explicado:

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En España y otras naciones desarrolladas tanto en Oriente como en Occidente, a nivel nacional y regional, existe ahora una preocupación extrema por reducir el déficit, a costa de continuos recortes y nuevas cargas impositivas. A esto se le llama en economía política "equilibrar la balanza de pagos". Curiosamente, en el libro de mi abuelo figura un apartado titulado "Cómo equilibrar la balanza de pagos" donde proponía una serie de soluciones alternativas, que reza lo siguiente:

El déficit de la balanza de pagos puede ser equilibrado, a la larga, por los superávits de otros ejercicios. No es posible [o "sostenible"] tener un déficit permanente de la balanza, ya que los empréstitos [o "préstamos"] deben reembolsarse, el oro y las reservas en divisas convertibles no son ilimitadas, y las inversiones en un país por los no residentes no son suficientes para equilibrar un déficit de gran magnitud.
Así, el déficit de una balanza de pagos puede cubrirse por las siguientes técnicas:
a) Por empréstitos de gobiernos extranjeros b) Por inversiones de los no residentes c) Por la renta de inversiones exteriores [realizadas previamente] por los residentes. d) Por el descenso de las reservas en oro y divisas convertibles.

A corto plazo, las soluciones a los problemas derivados de la balanza de pagos, pueden ser:
a) Compra de divisas extranjeras del Fondo Monetario Internacional a cambio de moneda nacional. b) Elevación del tipo de interés bancario. El capital extranjero es atraído por el alto tipo de interés, si bien este "dinero caliente" ("hot money") será repatriado tan pronto como el tipo de interés vuelva a bajar. A la larga, las importaciones deben incrementarse y/o las importaciones reducirse. Esto puede conseguirse: c) Por una devaluación de la moneda nacional. Esto significa alterar la tasa de cambio con las demás monedas, por lo que se comprarán menos divisas, por ser más caras, con la moneda nacional. esto hará más caras las importaciones y más baratas las exportaciones. La mejora de la posición de la balanza de pagos dependerá de la elasticidad de la demanda para las importaciones y las exportaciones.

En realidad, toda balanza de pagos se equilibra por medio de préstamos a corto o a largo plazo. Pero nunca se llega a conseguir un equilibrio perfecto, porque hay muchos factores imponderables.

Como en España ya no tenemos moneda nacional, sino comunitaria, la devaluación debería aplicarse en todo caso al euro si se tomara esta vía. El oro ya se vendió y los tipos de interés ya se modificaron. Así que nos quedan como alternativas: las inversiones de los españoles que viven fuera del país, la reducción de las importaciones (que implica contratación nacional pero debe evitar derivar en proteccionismo de Estado) y el incremento de las exportaciones (donde hay mucho por hacer, empezando por sortear las barreras idiomáticas y culturales).

¿Dijo algo mi abuelo sobre el desempleo en España? Sí, lo siguiente:

El pleno empleo puede conseguirse por la intervención del Estado, como sucedió en muchos países, incluyendo España, para asegurar que la demanda de trabajo sea suficiente en todo tiempo para evitar el paro masivo. Las inversiones (por ejemplo, los trabajos públicos del Gobierno [u "obras públicas"]) incrementarán la demanda y el empleo, con su efecto multiplicador.


Cuando los recursos de una nación están completamente usados y se obtiene una posición de pleno empleo, cualquier intento para aumentar los ingresos puede conducir a la inflación.

Este último, me atrevería a decir, es el caso actual en algunas áreas de China o Brasil donde la tasa de paro es baja, pero los precios no paran de subir a buen ritmo. En España el camino de la inversión estatal ya se ha probado, incluso en exceso (véase este programa de Salvados); aunque también tenemos una inflación notable, el caso es más bien el contrario: debido a la crisis crediticia podría producirse una deflación masiva (caída de los precios, como ya está ocurriendo con los de la vivienda), circunstancia que se está tratando de evitar intentando mantener un crecimiento cero, a costa del empleo.

Pero el texto continúa, finalizando el capítulo como sigue:
En resumen: en el conjunto de la Economía nacional se logrará el pleno empleo del trabajo, del capital y del suelo [y los bienes materiales e inmateriales] cuando todas las ramas de la producción se complementen adecuadamente en el mutuo intercambio de bienes y servicios.


Sin embargo, hay que hacer notar que no es tan fácil resolver el problema del pleno empleo, como el definirlo y plantearlo (Manuel Pernaut: Teoría económica, tomo I, págs. 70 y sigs.).

Una de las formas de lograr esta complementariedad es el uso adecuado de la gestión científica de Taylor, bien entendida (es decir, observando estrictamente todas y cada una de sus reglas). Sin embargo en España se está remando en dirección contraria: recortar en ciencia, investigación, desarrollo e innovación, que es como vender el coche para comprar gasolina.

La distorsión crítica de la que os hablé, está muy relacionada con el concepto de "elasticidad", y empezó con la adopción del euro por inflar un 67% el precio de un café con leche (que valía cien pesetas y pasó a valer un euro), contagiándose este hinchamiento progresivamente a otros productos de mayor valor como la ropa, luego a los automóviles y así hasta llegar a la vivienda y objetos o servicios de gran lujo. Sin embargo ahora estamos viendo rebotar la burbuja, desinflándose y previsiblemente proseguirá la escala descendente, arrasando los burbujeantes precios a su paso, a menos que se la frene. En cualquier caso, frenarla de golpe también podría ser muy perjudicial y lo aconsejable sería detenerla como se para una locomotora, con acción contrapuesta sostenida y no con un muro de hormigón.

Desde un punto de vista global a largo plazo, lo más sensato sería mantener consensuadamente un crecimiento casi nulo hasta el momento en que las naciones menos desarrolladas de la Tierra estén cerca de igualar la riqueza de las naciones más ricas, momento en el cual habría que ajustar las tasas inerciales de crecimiento (pues los pobres, al crecer muy deprisa, llevarán más "carrerilla"), con el objetivo final de crecer todos juntos desde el mismo punto de partida y a la misma velocidad.

Llegado ese momento, en que el grado de desarrollo mundial fuera más o menos homogéneo, se debería lidiar con la cuestión de si las naciones unidas desean seguir creciendo indefinidamente (o de si pueden permitirlo siquiera). Como apuntaba Jean Fourastié, "Si la población mundial sigue aumentando al ritmo actual, en el año 3000 habrá en el globo 15 habitantes por cm. cuadrado".

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La foto es de Malé (Maldivas), la 2ª isla más poblada del mundo.


Quizá lo mejor resultara "crecer hacia el interior", llenando huecos y mejorando la calidad a la manera de un artista, cada uno en su labor.
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sábado 28 de enero de 2012

Cómo reparar el teclado de un portátil

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Hoy os traigo una breve nota práctica para contaros cómo reparar el teclado de un ordenador portátil por cuatro perras.

Resulta que hace ya tiempo (cuando aún funcionaba megaupload y eso) estaba yo viendo una película en el portátil mientras planchaba la ropa. El caso es que uno no puede tener la cabeza en dos sitios a la vez, así que se me escurrió la plancha y cayo una breve distancia para aterrizar de pico sobre el teclado del netbook, teniendo como consecuencia la ruptura de mi tecla "B" y el abollamiento de la barra espaciadora.

[image]La tecla 'B' la tuve que quitar, pues se partió una minúscula solapa de plástico que lleva dentro para que enganche. Con la barra espaciadora pude ir tirando después de desbloquearla un poco, deslizando unas tijeras con cuidado por debajo. Quedó aún algo abollada, pero funcional.

Desde entonces y durante varios meses, cada vez que he tenido que escribir una palabra con la letra 'B' he apretado directamente sobre el soporte de goma que hay debajo de la caperuza: total, solo por eso no iba a cambiar de ordenador ni llevarlo al servicio técnico (que por estas tonterías te cobran del orden de la quinta parte del valor del netbook, si no más). Además, ya me sé de memoria dónde está la 'B', pues los informáticos nos aprendemos en los primeros años de carrera la distribución de los teclados "Qwerty" a base de mecanografiar código, y al ser solo una letra, no tenía que pensar mucho. Eso sí, era algo incómodo y poco estético.

El otro día, de un amigo por el facebook me llegó un artículo donde un señor se quejaba iracundo de cómo funcionaba el servicio técnico de los ordenadores portátiles. En línea con la política expresada en el documental "Comprar, tirar, comprar", a veces resulta más caro reparar alguna cosa, como una bicicleta, que comprar una nueva. O al menos, el coste de la reparación es comparable a una buena parte del coste total del producto, aunque la pieza sea muy muy pequeña, casi banal. Lo bueno es que el artículo del señor contaba cómo resolvió el asunto rápidamente y por poco dinero, dando los datos de una empresa americana que provee únicamente teclas de ordenadores portátiles, por internet y distribuye por correo postal por un precio muy bajo.

Laptopkey vende la tecla a unos cinco dólares, que son unos tres o cuatro euros (sellos aparte). Es seguro que la compran por unos pocos céntimos, y aunque mantengan un gran stock de piezas que no venden nunca cuyo coste deban asumir, les debe seguir quedando un buen margen de beneficio. Además, tienen tutoriales en vídeo en una web muy explicativa, en varios idiomas, con servicio al cliente por twitter y demás.

[image]Este es un modelo de negocio de los de la llamada "Long Tail" o larga cola de una distribución estadística de ventas: se sirven productos muy específicos a un mercado muy ocasional, pero a la vez muy repartido por todo el mundo, con lo que se puede obtener un gran volumen de ventas. Se ha hablado mucho sobre el asunto y yo mismo os hablé de ello ya aquí (página 64+), así que no os aburriré más con el tema.
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El caso es que me animé a pedir mis dos teclas rotas, a ver qué pasaba. Entré en su web, hice el pago por internet (9€ y pico, gastos de envío incluidos) y en una semana ya las tenía en casa. 

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Hay otras empresas que hacen lo mismo, no son la única. Por ejemplo: Laptop-Keys y Replacemente-Laptop-Keys. El hecho de que haya competencia en algo tan específico significa además que probablemente el negocio funciona bien para el cliente y para el proveedor.

[image]Tuve mucho cuidado al elegir el modelo de teclado, para no tener que pedir dos veces las teclas por haberme equivocado, y que al final me costara más de lo esperado. Para esto, tienen unos tutoriales en la web, bastante resultones (aunque mejorables), que te cuentan cómo elegirlo y colocarlo, porque hay muchísimos más modelos de teclados de los que uno pueda imaginarse. Además tuve mucho cuidado al manipularlas, no fuera que se me rompieran las diminutas piececitas y tuviera que volver a pedirlas también.

[image]Con maña y suerte, mi teclado ya está reparado. Os animo a probarlo también si estáis en la misma tesitura. Me parece que este modelo de negocio aplicado a otros productos y servicios será el futuro de la empresa en un mundo post-globalización.
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miércoles 25 de enero de 2012

La sofisticada simplicidad de H. Spencer

[image]Pero el político "práctico" que, a despecho de tales experiencias, repetidas de generación en generación, se cura tan sólo de los resultados próximos, piensa todavía menos en otros efectos más remotos, pero más generales y más importantes que los anteriormente señalados. Siguiendo la metáfora empleada [de la locomotora desbocada], nunca se pregunta si el "momento de inercia" político, puesto en marcha por su medida dictaminada, seguirá o no la misma dirección general que otros impulsos análogos, y si se podrá unir a ellos para producir una fuerza compuesta que origine cambios jamás soñados por él. Considerando únicamente los resultados directos de sus medidas, y no viendo qué influencias anteriores y otras nuevas, debidas al empuje recibido, siguen la misma dirección, no se da cuenta de que acaso todas concurrirán y originarán un torrente que alterará por completo la faz de las cosas...

[image]La cita proviene del artículo "La esclavitud del porvenir", contenido en el volumen "El individuo contra el Estado" de Herbert Spencer, ingeniero civil y prominente pensador liberal británico del siglo XIX.

Allí aboga por la según él muy necesaria simplificación de burocracias estatales y marasmos legales que encorsetan la libertad ciudadana. Su postura es un tanto radical e incluso extrema en otros apartados de artículo, pero en este fragmento, a mi parecer, no le falta razón.

Haciendo una analogía de la edición de textos legales, comparándola con la programación informática, se puede constatar lo siguiente:

Durante muchos años, los programadores fueron evaluados en su rendimiento por la cantidad de líneas de código fuente de programa que eran capaces de producir durante su jornada laboral. Esto se conoció como el modelo SLOC. Hoy día parece ser que a legisladores, políticos y administradores de diverso pelaje se les evalúa de la misma manera: por la cantidad de reglamentaciones, boletines, leyes, edictos, decretos, resoluciones y similares documentos que son capaces de producir. O al menos ellos deben de pensar que así es, a tenor de sus acciones, guiadas del principio del ortoplacismo y no del principio de optimalidad.

No obstante, no pasó mucho tiempo en el dinámico mundo de las tecnologías de la información hasta que se observaron las desventajas de este método de gestión científica para la evaluación del rendimiento. Hablando en general, dejando bucles iterativos y otros tecnicismos aparte, un programa más largo es menos eficiente y consume más recursos: lleva más tiempo ser escrito, ocupa más espacio en memoria y tarda más tiempo en procesarse. Además no todas las instrucciones tienen el mismo mérito ni impacto en el resultado final. Lo mismo ocurre con los códices legales.

Con el fin de contextualizar, conviene señalar el enorme tamaño que pueden alcanzar algunos los proyectos de programación informáticos:

Windows 3.1 : 3 millones de líneas de código Windows 95: 15 millones Windows 98: 18 millones Windows 2000: 35 millones  Windows XP = 40 millones Windows Vista = 50 millones
Debian 2.2: 55-59 millones Debian 3.0: 104 millones Debian 3.1: 215 millones Debian 4.0: 283 millones

Así que en realidad sí parecen comparables en dimensión, al corpus legal en que se mueve un país europeo, incluyendo administración central, administración local, universidades, cuerpos funcionariales, y otras entidades generadoras de legajos ad infinitum.

En las tareas de programación. con frecuencia resulta muchísimo mejor para el proyecto eliminar largos bloques de código y sustituirlos por una o dos líneas, que realizan la misma tarea pero de forma más eficiente. Se llegó a decir en contra del modelo SLOC que "El verdadero héroe de la programación es aquel que escribe código negativo".

[image]Sin embargo, habitualmente esta gesta solamente la realizan los programadores más experimentados, pues quienes lo son menos suelen ser más jóvenes y entusiastas, ansiosos por incluir su contribución aunque esta impacte negativamente al conjunto, todo con tal de dejar su huella añadiendo éste o aquél servicio de valor añadido que realmente no era necesario, sin tener en cuenta el coste futuro de mantener la prestación.

Del mismo modo ocurre en nuestros burocratizados entornos políticos, que por cierto están plagados de egresados en Derecho aunque el departamento sea de medicina o ciencias del mar. Necesarios, posiblemente imprescindibles y muy útiles aquéllos, no digo que no, pero ¿ha de ser su presencia siempre a costa de quienes proceden de otras disciplinas? Personas que ahora se tiende a tildar peyorativamente de "tecnocráticas", como si tecnocrático fuera cualquiera que no viniera a este mundo con un boletín oficial debajo del brazo. ¿No será esto contraproducente? ¿No acordamos que la riqueza está en la diversidad?

[image]Allí en estos entornos ocurre que cuando a estas personas, tecnócratas o no, les llega el momento de ejercer la función directiva, en lugar de liderar y ejecutar las acciones necesarias detallando ordenadamente los pasos (o supresiones) necesarios para su consecución, suelen escribir, o más bien dictar a los hacendosos taquígrafos de turno, lo que otros, a su buen entender, deberían hacer. Norma sobre norma, sedimentándolas todas con lacónico verbo, diechiochescas formas y enmarañadas figuras. Allí rara vez se revisa lo anterior para ver qué es lo que se puede suprimir para bien del conjunto, y las derogaciones vienen casi siempre acompañadas de un incremento sustancial en el texto de la norma que viene a sustituir a la antigua.

Nota: La fotografía de los libros es de una instalación artística de Alicia Martín.


Todo ello tiene como efecto la sobrecarga del sistema que ha de procesar el "programa legal", ineficiencias administrativas de toda índole e ineficacias flagrantes que aquejan a los ciudadanos, quienes han de sufrirlas en el día a día, bien durante las relaciones con los cuerpos funcionariales, bien en el pago de impuestos, bien al presentar una demanda o un recurso, por poner solo algunos ejemplos.

La conclusión es clara. En palabras del recientemente fallecido Steve Jobs, a quien se podía tachar de muchas cosas, pero no de carecer de buen criterio para hacer sus diseños eficientes y accesibles: "la simplicidad es la sofisticación definitiva".

Nota: Como bien indica @SixKander, antes que Jobs esta frase fue pronunciada por el inefable Leonardo da Vinci.

Claro que, a lo dicho, y quitándole hierro al asunto, la siguiente viñeta puede parecer refutar la conclusión a la que hasta aquí hemos llegado. Quizá simplificar demasiado no sea tan bueno, después de todo:

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No obstante, tratando de ser sintético, diré que cada movimiento de dilación o encogimiento de la complejidad de un sistema debe estar determinado en cualquier caso por las circunstancias coyunturales, al igual que ocurre con los movimientos de des/centralización.

En una tribu primitiva de la prehistoria, posiblemente fuera muy buena idea llegar a acordar algunas normas de convivencia para no matarse a garrotazos o robarse las piezas de caza cobradas. Por contra, en el momento actual de crisis económica e infoxicación, más bien parece aconsejable seguir la tesis de Spencer y simplificar cuanto sea posible, desde la propia forma de vida hasta, y principalmente, las organizaciones complejas, sean privadas o públicas.
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jueves 19 de enero de 2012

La mente infinita de Gödel

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Con los siguientes comentarios, el lógico Kurt Gödel apuntaba su concepción filosófica de que el razonamiento humano pudiera ser emulado por una máquina dotada de ciertas operaciones (de Inteligencia Artificial). Sin embargo, deja lugar a la esperanza en la existencia del libre albedrío debida a la posibilidad de que sea imposible emular el razonamiento cuando se refiere a un formalismo más allá del infinito convencional, en la cantidad innumerable (propiamente dicha) de posibilidades del universo.

(1) Como consecuencia de avances posteriores, en particular del hecho de que gracias a la obra de A. M. Turing ahora disponemos de una definición precisa e indudablemente adecuada de la noción general de sistema formal (2), pues ahora es posible dar una versión completamente general de los teoremas de incompletitud y de indeductibilidad de la consistencia.

(2) En mi opinión, el término "sistema formal" o "formalismo" no debiera ser nunca usado más que para esta noción. En una conferencia en Princeton (3) sugerí ciertas generalizaciones transfinitas de los formalismos, pero se trataba de algo radicalmente diferente de los sistemas formales en el sentido propio del término, cuya propiedad característica consiste en que en ellos el razonamiento puede ser, en principio, completamente reemplazado por operaciones mecánicas.

(3) [...] en los datos existe ya el tipo de objetos exteriores que han de ser construidos [con todas las propiedades exigidas para su uso en matemáticas, a menos que...] se acepte la ficción de que se pueden formar proposiciones de longitud infinita (incluso innumerable), esto es, se opere con funciones veritativas de infinitos argumentos sin que importe si se pueden construir o no. Pero una función veritativa de este tipo, ¿qué es sino un tipo especial de extensión (o estructura) infinita, más complicada incluso que una clase y dotada además de un significado hipotético que sólo puede comprender una mente infinita? Todo esto es sólo una verificación del punto de vista antes defendido de que la lógica y las matemáticas (del mismo modo que la física) están  construidas con axiomas que tienen un contenido real que no puede ser eludido.


Esto lo dice en el que posiblemente fue su artículo de mayor relevancia académica ("Sobre sentencias formalmente indecidibles..."), en una nota suplementaria que añadió años después, extendida a su vez por una apostilla a pie de página, que era precisamente la última del texto. Allí se auterofiere a una conferencia que impartió en la que contribuía al tomo dedicado al también matemático y filósofo Bertrand Russell donde somete a análisis y crítica la filosofía de su lógica matemática por prescindir de las entidades abstractas. Entidades tales como las sentencias infinitamente largas que, dice: -solo una ficticia mente infinita podría abarcar.

En todo ello se detecta un cierto afán decididamente ateísta y platónico por justificar que sus elucubraciones constituían auténticos descubrimientos sobre la naturaleza del mundo, y no meras invenciones, obsesión que no cabe duda, muchos científicos han tenido a la largo de su carrera, especialmente a la hora de justificar los fondos asignados a sus investigaciones.

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Con el advenimiento de los computadores, podríamos traducir este concepto de mente infinita gödeliana, que muy lejos de una consciencia divina y sin necesidad de acudir a interpretaciones religiosas sobrenaturales, podría reducirse a dos meros componentes básicos en la máquina de Turing: una memoria infinita y un tiempo infinito (o velocidad infinita) para procesar su programa.


Realmente no era necesario ir tan lejos como el infinito y regresar, pues ni Gödel, ni casi nadie en su época, a excepción quizá de Von Neumann y Alan Turing (cuyo centenario celebramos en 2012), podría haber imaginado la capacidad de proceso de los computadores actuales, que son capaces de operar cada segundo con billones de registros binarios (lo que él llamaba sus "funciones veritativas", entendidas como Tablas de Verdad en forma de arrays de bits digitales).

No es extraño por tanto que dudara de la posibilidad de construir nuestros ordenadores actuales, temiendo su abrumadora complicación, ni que le inspirara una inmensa pereza o endiablado pavor la nada halagüeña perspectiva de operar manualmente con tan inabarcable cantidad de registros funcionales. Al fin y a la postre, él mismo se erigió en máximo exponente de los amanuenses simbólicos y centró su carrera en el estudio del Principia Mathemática, un voluminoso libro de Russell y Whitehead donde con enrevesada simbología metamatemática lleva más de 300 páginas llegar a la demostración de que 1+1=2.

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Cualquier matemático se habría lamentado y muy pocos en su época podrían haber columbrado el sofisticadísimo grado de abstracción que hoy integran las placas electrónicas de cualquier teléfono móvil, al coste de unas pocas monedas, en el bolsillo de la chaqueta. Sin embargo esto no parece frenar en modo perceptible la carrera abierta por la superación de los límites de la informática, en línea con la ley de Moore, pues un conjunto infinito IN-numerable continúa teniendo una cantidad de elementos disparatadamente mayor que los muchísimos gúgols de información que pudiera manejar un supuesto supercomputador futuro. Al final de la cita, Gödel parece capitular ante la evidencia siempre negada por los ateístas de una autoridad axiomática incuestionable de "contenido real", jamás especificado. Sin embargo, más adelante en su obra empieza a admitir la posibilidad de utilizar, para el beneficio propio de su lógica, la "forma de hablar" que criticaba, gracias a la recursividad, un concepto clave que por su inesperada complejidad ha dado quebraderos de cabeza a más de un estudiante de ingeniería informática.

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Así, comienza a entrever que no es necesaria una mente infinita para construir objetos infinitos, gracias a Ramsey y a Hilbert, viéndose conducido a estudiar conjuntos infinitos recursivamente numerables, tales como los números naturales, que se construyen recursivamente mediante operaciones aritméticas básicas como la suma y el producto. Siguiendo por este camino, uno está abocado indefectiblemente a toparse con la teoría del caos y el conjunto de Mandelbrot, donde se encontrará una desbordante complejidad que emerge desde definiciones extremadamente simples: posiblemente la pesadilla de un hombre atado por la lógica más estricta.

Durante su carrera, se lanzó de cabeza a estudiar la hipótesis del continuo de Cantor y estaría de acuerdo con Leibniz en que "la humanidad tuviese un nuevo tipo de instrumento que aumentase las capacidades de la razón mucho más de lo que un instrumento óptico haya ayudado nunca a la capacidad de la visión", aserción meritoria como Poincaré corroboró, que acabó siendo una clarividente metáfora del computador digital programable.


Gödel tuvo que emigrar desde Viena a Estados Unidos debido a la presión bélica de la Segunda Guerra Mundial, en la principal fuga de cerebros que se recuerda y que fue a su vez instigada por la Operación Paperclip de la antigua CIA. En 1946, haría unas interesantes observaciones a su conferencia de Princeton, en las que comenzó resaltando la importancia de haberse obtenido una definición precisa de recursividad o computabilidad. No era en absoluto un necio y había observado ya la tendencia que marcaría el advenimiento de la computación moderna y los ordenadores, con el éxito de la máquina diseñada por Turing para desencriptar las señales cifradas por la máquina alemana Enigma, hecho que, un año antes, contribuyó en gran medida a finalizar la guerra. Comenzó sus observaciones diciendo: "por una especie de milagro, no es necesario definir orden alguno... creo que esto debería animarnos a esperar que lo mismo sea también posible en otros casos..."

[image]A partir de aquí, estudió los puntos de vista de Brower y Weyl-Lie sobre los alephs, o números transfinitos de Cantor, trabajando también en cuestiones cosmológicas y relativistas sobre las ecuaciones de Einstein, que le llevaron a pensar que el cambio no existe sino que es una ilusión derivada de nuestra perspectiva del tiempo "Pues si alguien afirma que este tiempo absoluto está transcurriendo... debe aceptar que la existencia o inexistencia del tiempo depende del modo particular en que la materia y su movimiento están distribuidos en el universo". Un punto de vista filosófico que le resultaba insatisfactorio, pero en el que a pesar de toda la fuerza de su lógica, no halló contradicción alguna.

La flecha del tiempo tiempo sí pasaba para Gödel (y también para nosotros, ya que este artículo se está alargando más de lo debido); en los últimos años de su vida se dedicó a estudiar los números primos, la complejidad computacional, y los infinitésimos, creyendo, como así resultó ser, que serían las bases para el desarrollo de la matemática futura, ya trocada parcialmente en ciencia informática.

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[image]Para elaborar este artículo me he basado en el compendio de las Obras completas de Kurt Gödel por Jesús Mosterín y en la Biografía de Gödel por Javier Fresán de la editorial Nivola (comprada en la Feria del Libro de 2010), que casualmente lleva en portada el cuadro "Der Kuss" de Gustav Klimt, cuyo aniversario también celebramos.

También recomiendo ver el siguiente documental en vídeo sobre la vida y muerte de varios grandes matemáticos, entre ellos Gödel y Turing.

Las imágenes fractales que ilustran el artículo proceden de este blog.

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